domingo, 9 de octubre de 2016

HOMBRES Y MÁQUINAS

Hombres y máquinas. D. H. Lawrence

El Hombre inventó la máquina
Y ahora la máquina ha inventado al hombre.
Dios Padre es una dínamo
Y Dios hijo una radio parlante
Y Dios Espíritu Santo es nafta que hace que todo siga andando.
Y los hombres por fuerza tienen que ser pequeñas dínamos
Y pequeñas radios parlantes
Y el espíritu humano es otro tanto de nafta para que todo siga andando
El hombre inventó la máquina
Y así ahora la máquina ha inventado al hombre.

Man and Machine
                                                                                                                       
Man invented the machine
and now the machine has invented man.
God the Father is a dynamo
and God the Son a talking radio
God the Holy Ghost is gas that keeps it all going.
And men have perforce to be little dynamos
and little talking radios
and the human spirit is so much gas, to keep it all going.
Man invented the machine
and now the machine has invented man.


UN PASADO POR REVISAR


jueves, 29 de septiembre de 2016

ORATIO DE HOMINIS DIGNITATE

«Nec certam sedem, nec propriam faciem, nec munus
ullum peculiare tibi dedimus, o Adam, ut quam sedem,
quan faciem, quae munera tute optaveris, ea, pro voto, pro
tua sententia, habeas et possideas. Definita ceteris natura
intra praescriptas a nobis leges coerceteur. Tu, nullis angustiis
coercitus, pro tuo arbitrio, in cuius manu te posui, tibi
illam praefinies. Medium te mundi posui, ut circumspiceres
inde commodius quicquid est in mundo. Nec te caelestem
neque terrenum, neque mortalem neque inmortalem
fecimus, ut tui ipsius quasi arbitrarius honorariusque plastes
et fictor, in quam malueris tute formam effingas…».


No te he dado ni rostro, ni lugar alguno que sea
propiamente tuyo, ni tampoco ningún don que te sea particular,
¡oh Adán!, con el fin de que tu rostro, tu lugar y
tus dones seas tú quien los desee, los conquiste y de ese
modo los poseas por ti mismo. La Naturaleza encierra a
otras especies dentro de unas leyes por mí establecidas.
Pero tú, a quien nada limita, por tu propio arbitrio, entre
cuyas manos yo te he entregado, te defines a ti mismo.
Te coloqué en medio del mundo para que pudieras contemplar
mejor lo que el mundo contiene. No te he hecho
ni celeste, ni terrestre, ni mortal, ni inmortal, a fin
de que tú mismo, libremente, a la manera de un buen pintor o de un hábil escultor, remates tu propia forma.

Giovanni Pico della Mirandola